Ideas

Para los que no se quedan en casa

La historia juzgará a los que proclamaron que el coronavirus es como cualquier gripe o que solo mata a los adultos mayores como criminales. La falta de búsqueda de la verdad al dejarnos sumir en conspiraciones y posiciones políticas en lugar de actuar, seguirá cobrando vidas.

Hoy tengo un post un tanto distinto, quiero hablar de la falta de caridad fraterna, del amor al prójimo: No mantener sana distancia, no informarse prudentemente, no respetar al que se cuida, no pensar en todas las personas de alto riesgo que nuestras acciones impactan diariamente.

Sabemos que existe un virus (no bacteria, por lo que es más difícil de atacar) que ha matado al menos a 400,000 personas, que ha quebrado a miles de negocios, dejado en desempleo a millones de personas, creado hambruna para una cantidad de familias que no podemos imaginar, acabado con proyectos y sueños de la mayoría de los seres humanos. Creer o no creer, es una cuestión absurda, porque nadie está lejos de probarlo con sus propios sentidos.

Hay gente con más riesgo de morir que otros definitivamente, pero se han visto casos de niños, adolescentes y adultos jóvenes sin factores de comorbilidad (como cáncer, obesidad, diabetes, asma) que han perdido la vida por contraer el virus.

Las redes están llenas de personas que narran su experiencia: una terrorífica dificultad para respirar, el debilitamiento intenso y el dolor por la intubación, malestares a largo plazo después de “recuperarse”. Hay videos de niños llorando con terror al ser subidos en ambulancias. Hay artículos sobre posibles daños neurológicos post-covid-19. Reportes de que jóvenes sin síntomas mueren por accidentes cardiovasculares y dan positivos a covid-19. No es por alimentar el pánico que cito todo esto, tenemos que vivir la realidad del 2020.

Citando a una doctora de mi familia, “no sabemos si después hay inmunidad, no conocemos todos los efectos, no tiene una duración determinada, no sabemos con qué estamos lidiando”. Esa misma doctora es madre, es asmática, y aunque su especialidad no tiene nada que ver con dicha enfermedad, de “caer” infectados los médicos que ahora atienden covid-19 en su hospital, tendrá que arriesgar su vida y la de su familia todos los días al intentar sanar a los pacientes, con equipo insuficiente y con un gobierno que insta a la gente a salir y abrazarse.

En mi casa hemos hecho tres meses de cuarentena, salvo mi hermana que regresó antes al trabajo, y al salir a comprar productos practicamos absoluta distancia social. Nunca hemos burlado las medidas del supermercado para entrar más de una persona por familia, a todas partes llevamos cubrebocas y no abrazamos a personas que no vivan con nosotros.

En varias ciudades de mi país, gente irresponsable y egoísta realiza “fiestas covid”. Se reúnen muchas personas en un lugar e invitan a alguien que tiene el virus para contagiarse. De esta manera creen obtener inmunidad y con ello, el poder salir tranquilamente una vez superada la enfermedad. No saben que muchos no sobrevivirán, no saben que el tratamiento es muy caro, no les importa que los médicos están sufriendo burnout, ansiedad, ataques de pánico, además del riesgo de contagiarse y morir ellos mismos. No saben que se puede convertir en una enfermedad dolorosa, si no para ellos, para alguien cercano. No saben que los pacientes mueren aislados, sus familias nunca los vuelven a ver. No saben que los restos de los que mueren en el extranjero no pueden ser repatriados, porque ya no hay recursos.

No entienden que 188 países registran pérdidas económicas no vistas en muchísimos años. No entienden que 163 millones de personas dejaron de estudiar en el continente americano por no contar con recursos de educación a distancia. No entienden que se suspendieron Juegos Olímpicos y que hay personas que dedicaron sus vidas a una posibilidad que ya no existe. Que muchas parejas pospusieron sus bodas o se casaron sin la presencia de sus seres queridos. Que hay emprendedores que arriesgaron todo y pusieron el corazón en sus negocios de cualquier tamaño y ahora los han perdido. Que hay personas que no pudieron soportar más el dolor del aislamiento y se quitaron la vida. Que hay madres ofreciendo su ropa a cambio de comida para sus hijos en mi propia ciudad. Que muchos problemas causados por la pandemia no tendrán una solución. Que mientras unos salen a divertirse porque “no pasa nada y todo está bien”, muchos han perdido su salud mental. Que no hay una sola persona que no se haya visto afectada por esto.

Te ruego que si no crees en el covid, que si piensas que fue creado en un laboratorio (sin vacuna, claro), si culpas a los ricos de traerlo del extranjero, o si deseas ya contagiarte de una buena vez para inmunizarte y volver a la normalidad, hagas una pausa y pienses en los demás. Mi mamá tiene solamente un 25% de probabilidad de sobrevivir si se contagia. Y como mi mamá hay millones de personas que son muy amadas por alguien. Los médicos, enfermeras y trabajadores esenciales son hijos, esposos, padres muy amados y necesitados. Los sacerdotes que llevan consuelo a los enfermos, también son quienes nos traen el cuerpo y la sangre de Jesús.

Si no valoras tu salud, valora la de ellos.

1 comentario en “Para los que no se quedan en casa”

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