Fe

¡Ánimo!

¡Ánimo, pueblo mío, memoria de Israel! Habéis sido vendidos a las naciones pero no para la destrucción.

Ba 4, 5-6

Para describir el 2020 optimistamente citaré a San José Sánchez del Río, “nunca había sido tan fácil ganar el cielo como ahora”. No conozco una sola persona que no haya perdido algo por la pandemia, sea trabajo, proyectos o seres queridos. Uno pensaría que lo normal es que esto despierte empatía, solidaridad, o por lo menos respeto.

Lo sucedido la semana pasada en los Estados Unidos es devastador. No puedo imaginar el dolor de saber que uno puede perder todos sus derechos, no por su color de piel, sino por la ignorancia de tanta gente que culpabiliza siempre a ese color.

Lo que se escucha en México en estos días no es menos absurdo. Mucha gente ha abandonado la búsqueda de la verdad, para conformarse con teorías que no se pueden comprobar ni desmentir, pero que escapan a la razón humana. Y mientras tanto, estamos ya no divididos en dos bandos como a principio de año, sino en demasiados, cada uno con sus teorías y rencores.

Para el ojo humano, se ve imposible lograr la paz y solucionar estos problemas. Pero Dios no nos pide imposibles. Les recomiendo la lectura del capítulo 4 del libro de Baruc. ¿Qué nos puede estar pidiendo Dios?

  1. Vivir en este tiempo

Dios nos creó para este tiempo. Dios no nos hizo para evadir los temas difíciles. No necesariamente para enfermarnos de covid, sino para darnos en este tiempo, para vivir estas pruebas y ofrecérselas. A unos les dio la capacidad de hacer algo para ayudar o para cambiar las cosas. A otros nos pide oración y ayunos. Pero todos tenemos que vivir lo que está sucediendo.

2. Empatía

La Biblia habla muchísimas veces del cuidado a las viudas, los niños y los ancianos. Nos habla de la misericordia de Jesús con los leprosos y con los pecadores más condenados. Dios nos exige el cuidado de los más vulnerables, que en estos momentos son también los desempleados, los migrantes, los pobres, los enfermos, las mujeres violentadas, los trabajadores de la salud y de servicios esenciales fatigados, los que siempre han sido marginados. No se trata solamente de depositar en la cuenta de una asociación, sino de interesarse por los demás, de estar al pendiente de las necesidades a nuestro alrededor, de brindar palabras de aliento. De no aislarnos.

3. Esperar y confiar

La esperanza no es ciega, es real. Sabemos que Dios es bueno, que nos ama. Que nos pide conocerlo a profundidad, y que cuando hacemos eso es imposible no amarlo y bendecirlo. La semana pasada escribí para mis alumnos que la esperanza no es ciega. La esperanza no es despertar y repetir una y otra vez que hoy es un lindo día, forzarse a sonreír y así vivir. La esperanza humana está en darnos a otros, en amar sin límites. Y la esperanza cristiana está en saber que Jesús vino a dar su vida por nosotros, que venció a la muerte, que no hay nada que no pueda lograr. Que en la oración nos escucha.

4. “Ámense los unos a los otros como yo los he amado”

Dios nos pide seguir sus mandamientos, y éste último es el que da más sentido a los demás. Si pensamos en amar a los demás, las ideas de matar, mentir, robar, envidiar, o utilizar son imposibles. Si pensamos en amar a los demás, el racismo y toda forma de discriminación o egoísmo quedan extintos. Si pensamos en amar a los demás, incluso la cuarentena es una bebida amarga que da gusto tragar, pues quedarnos en casa significa proteger al prójimo amado. Muchos podrán decir “Dios puede fácilmente sanar a todos los enfermos, si escucha las oraciones”. Dios nos da una oportunidad en los enfermos. La finalidad del cristiano trasciende después de la muerte. Hay algo más grande que la salud: el amor.

¿Es fácil? Claro que no. Es humanamente imposible. Pero Dios nos da su ayuda divina. En realidad solo nos pide estar dispuestos a todo esto. Y más importante aún, nos da la oportunidad de ganarnos el cielo, de ganarnos una relación más profunda con Él en esta prueba. Confiando en su voluntad, tenemos una certeza:

Mira, ya llegan tus hijos, a los que despediste: vuelven convocados desde oriente a occidente por la palabra del Santo y disfrutando de la gloria de Dios

Ba 4, 37

3 comentarios en “¡Ánimo!”

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