Ideas

La falsa modestia

Hoy decidí escribir porque en algún lugar, una mujer que ama a Dios y que no tiene a su alrededor personas con mejor discernimiento o buena guía espiritual, puede llegar a tomar una carga que no le corresponde a partir de movimientos que distraen del verdadero mensaje del Evangelio.

¿Qué es la modestia?

Según la RAE, el primer significado mencionado es “humilde o carente de vanidad”. Vanidad, entendida como arrogancia y presunción, no como un deseo y búsqueda de la belleza. La modestia entonces es una cualidad de aquellos que no necesitan llamar la atención, que se enfocan, y dirigen la atención fuera de sí mismos.

La cuarta definición enlistada en la RAE habla de mujeres honestas y pudorosas. Creo que el pudor es importante, y se relacionará con la modestia precisamente en tanto que la persona (hombre o mujer) se sienta lo suficientemente segura sin atraer atención excesiva a sí misma, ya sea hacia su sexualidad, o hacia su autoproclamada superioridad moral. Y para esto, el contexto es clave.

No se me ocurriría usar sports bra en una reunión de trabajo, porque al estar fuera de lugar, llamaría la atención de una forma muy distinta a una blusa roja business casual y tacones, y el objetivo se perdería. Si yo llegara a un día de campo en verano con cuello de tortuga y medias seguramente atraería también miradas y no de forma positiva. En una fiesta, se usa ropa que demuestre alegría por lo que se festeja, al hacer deporte se usa ropa que permita movimientos y resalte la fortaleza o las cualidades artísticas del cuerpo, y así, en cada situación, hay ropa que cumple una función distinta.

La castidad no se ejerce sin oportunidad

Se habla mucho del deber de la mujer en proteger la castidad del hombre al llevar prendas que oculten todo lo que pueda ser atractivo. Habrían de ponernos lentes también, pues los ojos de una mujer que ama son muy bellos. Habrían de ponernos guantes, porque las manos de una mujer que trabaja son muy poderosas. Tal vez deberíamos de dejar de cantar o contar historias en voz alta, porque nuestra voz puede ser muy dulce.

Si alguien quiere vivir en castidad, pero no controla los impulsos que le provoca ver a una chica en ropa ajustada o corta, tampoco los controlará ante ropa holgada y gris. La castidad no es alejarse de toda tentación, es más bien un ejercicio de voluntad en el que se elige un bien mayor. Es ver la dignidad de la persona, por encima de su atractivo sexual.

Hay más delitos sexuales en lugares donde la mujer está más cubierta. Como explica Lillian Fallon, hay una correlación entre la objetificación de cubrir exageradamente con la objetificación sexual. Tenemos el triste ejemplo de la imposición de normas de vestido y conducta por los talibanes en Afganistán, que buscan de forma acelerada acallar toda expresión de la mujer, mientras ellos mismos son quienes las ultrajan.

¿Buscamos la verdad?

Exaltar una verdad por encima de su dimensión real se convierte tarde o temprano en una ideología. La exaltación del pudor, que es importante y valioso cuando viene de un deseo hacia mi propia persona, ahora se convierte en una forma de ocultar lo bello y único en mí, para presentar una imagen construida y genérica.

Juan Pablo II nos explica sin miedo a las palabras cómo Jesús viene a hacer exactamente lo contrario con nosotras: nos da un lugar en sus filas (Lc 8, 2-3), nos invita a compartir su mensaje en voz alta (Lc 1, 46-54), sana las heridas que una sociedad moralista (que pone la rigidez de la norma moral por encima de la realidad del amor) había infligido (Mc 5, 34. Jn 4, 26. Jn 8, 10) , destierra la discriminación de culpar solo a la mujer por el pecado de dos (Jn 8, 11), y un largo etcétera.

El cuerpo es obra de Dios

“Y vio Dios que era bueno” porque nada hace Dios que no sea bueno. La única mención contraria en el Génesis es “no es bueno que el hombre esté solo” Gn 2, 18. El cuerpo lo creó Dios, ninguno de nosotros eligió su forma, aunque hacemos esfuerzos enormes para entrar en una talla, la forma de nuestro cuerpo nos la dio Dios.

¿Por qué entonces insistimos en hablar del cuerpo como algo sucio, que provoca, que incita, que como el canto de una sirena maligna atrae a hombres inocentes y puros a su perdición? Cuando la realidad es que los conflictos sociales que vivimos muestran realidades muy opuestas: mujeres que vistan lo que vistan, a cualquier hora y en cualquier lugar, son abusadas y descartadas como si no valieran nada.

Porque es más fácil creer que la mujer no vale nada si se calla, si se restringe a expectativas, si se le ignora. Es cuando la mujer no tiene ninguna forma de expresión, que es fácil dar rienda suelta a los deseos enfermos. Y la forma de hablar de modestia en sectores de la Iglesia, está borrándonos así.

Soy hija amada de Dios

Mi valor como mujer no viene de la opinión o expectativa de los demás. No faltan en redes las cuentas, cursos, sermones explicando qué es ser una mujer católica, como limitando quién puede ser una mujer católica, pues solo aquella que es callada, “modesta”, x o y puede realmente llamarse una mujer católica plena.

Dios nos creó únicos. Nuestra Iglesia se llama universal para acoger esos dones únicos que cada uno de nosotros tenemos. Nuestras misiones son distintas porque todos actuamos de forma distinta ante diversas circunstancias. Estamos aquí para ordenar nuestros cabos sueltos, no encajando en un patrón, no cargando algo que no es nuestro, no en reglas perfeccionistas, sino en el amor.

“Levántate y sé quién eres, porque si lo haces prenderás fuego al mundo.”

Santa Catalina de Siena

1 comentario en “La falsa modestia”

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