Lifestyle, Salud

Correr – acoso = Dignidad

Hace unos días leí el artículo de Runner’s World títulado “Running While Female” (Correr siendo mujer).

Justo un día después de los Golden Globes, y la alfombra roja más significativa de la historia por la solidaridad mostrada ante las víctimas de acoso sexual.

Hace un año disfrutaba mucho de correr: ajustar mis tenis y salir al aire libre, sentir el viento golpear mi cara y desvanecer el estrés. Ver el verde de los árboles, respirar profundamente. Nunca he tenido tiempos buenos, o he corrido grandes distancias, mi récord es bastante básico.

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Pero correr me liberaba de la ansiedad, activaba mi circulación y mejoraba mi salud inmensamente. La mejor terapia que nunca he pagado.

Pero como el artículo que mencioné aclara, correr siendo mujer puede ser una pesadilla.

Por eso lo abandoné.

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Siempre me ejercito en las tardes, pues por las mañanas trabajo desde muy temprano. A mi hermana nunca le ha gustado practicar deporte conmigo, mi papá no siempre está desocupado. Mi perro no es un buen corredor. Si quiero constancia, no puedo correr acompañada. Y de todas formas, el problema no es ese.

Nunca salía en shorts o sports bra. Y vaya que a veces quisiera, por comodidad, para sentir mis movimientos más libres, para no sentir tanto el calor. Corro en pants o leggings negros (compresión y que no se transparentan), con alguna blusa cuya holgura varía, pero nunca pegada. En invierno agrego una sudadera.

Cargaba siempre con mi celular y audífonos. Nada más. ¿Audífonos? Eso no suena muy seguro… Es verdad. Pero correr con música me da dos ventajas: me relaja aún más que sólo correr, pues no escucho la música de la zumba en el parque (que no me gusta), y además evita que escuche si me gritan algo.

A todas las mujeres nos pasa, usemos lo que usemos, hagamos lo que hagamos, nos veamos como nos veamos. Hombres que se toman el derecho de expresar su opinión sobre nuestro físico sin importarles que nos provoque temor. Como si fueran dueños del parque, de la calle, de la ciudad.

Y ya sean besos tronados, piropos o invitaciones desconcertantes, no quiero escuchar. Prefiero pensar que de esos gritos no pasarán. Cuando corría sin música, consciente al 100% de mi alrededor, reaccionaba con miedo: cuando era imposible volver a mi casa sin que me siguieran, levantaba el dedo. No por grosera, sino porque me sentía impotente de defenderme de otra manera.

Mejor ignorar, y ya que eso no se me da, mejor oídos sordos. Confiar a Dios mis miedos de que algo más sucediera y rogar que me protegiera.

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Pero eso tampoco me funcionó. Una vez, mientras calentaba afuera de mi casa para iniciar el recorrido, una camioneta se detuvo y un “hombre” me preguntó por algo (no recuerdo qué), me dio miedo por la “barrida” que me dio, así que me llevé a mi perro (no es lo óptimo, pero yo de verdad quería correr). Ya en el parque donde corro, a unas cuadras de mi casa, me doy cuenta de que la misma camioneta me estaba siguiendo. Me dio pavor.

Encima, el alcalde consideró buena idea bloquear los accesos que permiten cruzar de un lado a otro el parque (no comprendo por qué) y era imposible perderlo. Fui corriendo a mi casa, llena de coraje por no poder correr, no poder evitar esas situaciones, y encima con miedo porque el idiota había visto dónde vivía.

En otra ocasión me rehusé a regresar a mi casa tras los gritos de un grupo de tarados que bebían en la vía pública frente al parque. ¡Yo no estaba haciendo nada malo! ¡Estamos en un país libre! ¡Bastante difícil es hacer tiempo de hacer ejercicio! Envié un mensaje de texto a mi familia, para ver si alguien de mi casa podía venir al parque sólo a ver y sentirme segura. Me faltaba poco para acabar mi carrera. Pero estaban cenando y nadie vio el mensaje.

“Ten cuidado”, “no salgas sola”, “no te pongas eso”, “mejor ve a un gimnasio y usa la caminadora”. Yo pregunto: ¿puedo realmente salir a correr?

Desde hace unos seis meses para acá, mi conclusión ha sido que no. Mi familia está tranquila. Yo no. Pero tampoco quiero correr con miedo.

Cada vez que hablo del tema, es muy probable que me llamen exagerada, inadaptada a las circunstancias en que me tocó vivir, idealista, creída (no tiene nada de halagador que te ACOSEN, insisto, es algo que nos pasa a todas, nos veamos como nos veamos), pesimista, etc.

Ya renuncié a algo que me gustaba, que me daba paz y salud, pues no tengo otro lugar para ir a correr. Y siento que cedí ante la necedad y el machismo.

Quiero pensar que con tantas mujeres alzando la voz, unidas ante este problema, hablar puede abrir algunas mentes. Callar es aceptar, es permitir.

Si te ha pasado algo similar, quiero escucharte y apoyarte. Entre todas es más fácil encontrar, implementar o exigir soluciones.

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1 comentario en “Correr – acoso = Dignidad”

  1. Comprendo tu miedo. A mí también me han acosado en la calle: me han seguido y me han manoseado (un tipo que pasó junto a mí en la calle pensó que era buena idea levantarme la falda). Definitivamente como mujeres, muchas veces tenemos que construir nuestra vida con el exclusivo propósito de alejarnos de los peligros. Es injusto. Deberíamos poder salir a la calle con falda o con deberíamos poder salir a correr sin tener que pedirle a diosito que nos proteja.

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